En un mundo que fue azul

Es difícil pensar en azul y no recordar tus ojos, tus sueños y todo lo que nos rodeaba. Pensar en un momento especial, aquel en el que se me abrieron los ojos y el corazón, la primera vez que nos vimos. Yo te vi primero, es la realidad, aunque luego tú no dejaras de mirarme ni un solo día. Créeme que eso lo sé muy bien.

Fuiste azul, fuiste tierno, fuiste la persona más sensible que he conocido jamás. También la más buena. Todos tenemos defectos, sí, y también los conozco, pero jamás negaré lo buena persona que eres, y el corazón tan grande que tienes. 

Quiero que sepas que la vida me ha enseñado muchas cosas. Ahora que ya no somos niños, que hemos madurado y tenemos algunas experiencias que nos han marcado, he aprendido a diferenciar a aquellas personas que merecen un hueco en tu vida, en tu recuerdo, en tus buenos pensamientos. Aquellas que no quieres que se vayan nunca, a pesar de todo, a quienes les deseas encontrar la felicidad real, sentirse plenos y queridos, de la mejor forma posible. La vida me ha demostrado que quizá luché demasiado por quien no lo merecía, y que quizá no lo hice tanto por quien sí. Que miro hacia atrás y desearía no haber causado tanto dolor, y haber sabido cuidar mi sonrisa porque era tan simple como eso, reflejar mi felicidad en la tuya.

No soy la persona más fácil del mundo, y sé que he sido muy complicada para ti. Quise tirar más de la cuerda, reclamé deseos y aspiraciones que no tenías por qué tener, y no entendí que ninguno somos iguales, y que no hay amor más verdadero que querer al otro tal y como es, sin reproches, sin ataduras. Así de sencillo. Siento no haberlo entendido antes, siento no habértelo hecho sentir así, no habértelo puesto más fácil.

Ahora en la lejanía lo veo todo mucho más azul que antes. Más sencillo, más sincero, más bonito. Cuesta darse cuenta de que valoramos las cosas cuando ya no las tenemos, pero quiero que sepas que siempre he valorado la fuerza que tuviste (aunque no te dieras cuenta) de enseñarme un mundo mejor, un mundo en el que ser pacífico, sensible y honesto está por encima de todo. En definitiva, un mundo mucho más azul del que jamás conocí.

“A veces amar a alguien significa no quedarse a su lado”.

Sin embargo, yo espero tenerte siempre cerca de mí, de una forma o de otra, no quiero perderte.

[C.]

Propósitos viajeros para el 2016

Me voy despidiendo del 2015 y aprovecho para rememorar recuerdos imborrables, experiencias que jamás pensé que viviría y mucha buena gastronomía en mi tripita. Amo viajar, es así desde pequeña, y cada año que pasa me apasiona más. Por este motivo no dejo de soñar con nuevos destinos y nuevas aventuras que quiero realizar. Una lista demasiado extensa para cumplirse del todo, pero que mientras pueda pienso ir cumpliendo paso a paso.

Ahí van mis propósitos para el 2016.

Perú. Un viaje demasiado pendiente como para atrasarlo más. Tengo no ganas, sino muchísimas ganas de volar hasta allí, empaparme de la cultura, la gastronomía, sus colores y sus sonidos. Subir hasta el Machu Picchu, viajar en tren, visitar una casa de comidas, conocer a Gastón Acurio en cualquiera de sus restaurantes, comprar artesanía y mezclarme con su gente…

Quizá India, mano a mano con esa persona que es el mayor referente en mi vida, en un viaje sorpresa repleto de colores y algún que otro elefante. Tailandia, Indonesia o Malasia. Creo que me estoy obsesionando con ver las Torres Petronas después de un reportaje que echaron en la televisión. Me escaparía tal cual, con poco equipaje y dispuesta a recorrer kilómetros y kilómetros de caminos y aventuras.

¿Y Australia? En el segundo “viaje de mi vida”, una larga temporada lejos de todo y de todos, donde aprender a conocerme a mí misma un poquito más es el primer objetivo, desconectar y empaparme de nuevos paisajes, el segundo. Verano descubriendo la Gran Barrera de Coral, abrazando koalas y admirando toda la fauna y la flora del continente más lejano. 

Suecia o Noruega, para ir completando Europa y conocer por fin los fiordos y sus impactantes paisajes entre rocas. Algún viaje exprés a París, para disfrutar de sus calles mientras me como un crêpe bien calentito. Un fin de semana gastronómico en Galicia, recorrer parte del Norte de España y siempre, siempre Cantabria. 

Reducir mi lista de restaurantes a los que hay que ir al menos una vez en la vida. El Celler de Can Roca, ArzakMugaritz. Y disfrutar en ellos de la magia en la cocina de los más grandes de mi mundo favorito, la gastronomía.

Y por último, Laponia, mi viaje mágico de 2016, esos que hay que hacer antes de morir y que pienso cumplir muy pronto.

¿Es mucho pedir? 2016… Allá vamos!

Castillos en la playa

A veces la vida te presenta pequeños giros que cambian por completo tu rumbo, te hacen abrir la mente y pensar de manera diferente, inventar el futuro de una forma que no habías imaginado antes. Podemos tener miedo, sentirnos colapsados, huir… Pero también podemos florecer y aprovechar esos nuevos “brotes” que nos ofrecen, cogerlos y crecer con ellos en un mundo nuevo y maravilloso que se avecina poco a poco.

No hay nada más bonito que la sonrisa de un niño. De eso jamás tuve duda alguna. Construiremos castillos en el aire, y en la playa, juntos. Te lo prometo.

El viaje de mi vida

Más de 6.000 kilómetros recorridos en coche; cuatro estados: California, Arizona, Utah, Nevada; más dos islas. Conocer Hawaii, el sueño de cualquier viajero amante del mar, y enamorarse de sus playas y de su forma de vida hasta no querer ya otra cosa.

Refunfuñar caminando el Paseo de la Fama; bañarse en la costa pacífica después de montar en la noria de Santa Monica Pier; disfrutar como niños en el 50º Aniversario de Universal Studios y comprar el botiquín de viajes más completo que se puede imaginar.

Sobrevolar una de las maravillas naturales del mundo; atravesar el lugar más caliente y seco de la tierra, llamado Death Valley; y conocer “el otro Wall Street” en Zion con el agua hasta las rodillas, o hasta la cintura.

Visitar un Yosemite sin gota de agua pero en su versión más divertida; contemplar los mayores árboles que existen y caminar entre ellos; volver a San Francisco y renovarse en la que años atrás fue mi ciudad; bailar bajo el sol y con vistas al Golden Gate.

Conducir la California Highway 1, la carretera más espectacular que he recorrido; enfrentarse al infinito del océano y sonreír; amanecer en Kailua y pensar que estás dentro de un sueño; buscar tortugas por toda la isla y finalmente compartir playa con ellas; soñar con las Haiku Stairs y añadirlo a nuestra bucket list; obsesionarse con las plumarias o caminar sobre los restos de un volcán activo.

Ocho aviones, un barco, tranvías, trenes… Días de 20 horas despiertos, sueño y miles de luces en la carretera; pasar calor, pasar frío; hamburguesas, hamburguesas y más hamburguesas. Clam chowder; el mejor fish&chips de Malibú y desayunos americanos hipercalóricos. Supermercados que han sido nuestra salvación y gasolineras a precio de mercado.

Coyotes, renos, ciervos, ardillas de todos los colores y tamaños, conejos, ratoncillos, aves azules, caballos, zorros, cientos de tipos de lagartijas, un hurón, green turtles, leones y elefantes marinos… Y nuestros queridos “Xing”.

Un corte de navaja, nuevas heridas y cicatrices en el cuerpo, y heridas del corazón que se han curado con la ayuda del Océano Pacífico. Nuevas ilusiones, nuevas metas y recuerdos para el resto de mis días. Carreras por aeropuertos, gente simpática y amable, flores en el pelo que nos indican el camino correcto.

Y vivir… vivir durante tres semanas el viaje de mi vida. Una experiencia que me ha cambiado por dentro y por fuera, que me ha hecho crecer y ser niña a la vez. Que me ha descubierto lugares impresionantes y me ha enseñado de nuevo que la vida merece la pena, que ahí fuera existen miles de aventuras que deseo vivir. 

Wanderlust, hoy y siempre.

#USAroba2

I´m not Joan of Arc, not yet

I don’t wanna talk about it right now,
just hold me while I cry my eyes out.
I´m not Joan of Arc, not yet,
but I´m in the dark, yeah!

I can´t be a superhero right now,
even hearts made out of steel can break down.
I´m not Joan of Arc, not yet,
I´m only human…

Never admit it, but it hurts.

Aquellos regalos que…

Por mi cumpleaños quiero mi terraza llena de flores y plantas, casi casi que parezca una selva particular. Un jardín, un edén, un Valle Encantado… Un lugar escondido y alejado de todo.

Una cesta de pic nic, unas fotos de mi sobrina en tamaño XL, libros para leer en la playa, un bikini blanco. Un reloj que no me de la hora.

Muchas sonrisas, algún perdón, y las mismas ganas de seguir viajando por todo el mundo. Perú, de Gastón Acurio y sus 500 recetas peruanas. Reconciliarme con mis 20, perdonarme los errores y seguir adelante, por ella, por mí, por ser más fuertes. Mi viaje a Laponia y amar la nieve tanto como el mar.

Atardeceres eternos.

Salud y una vida repleta de deporte y de esfuerzo. Seguir aprendiendo y creciendo alrededor de una mesa. Muchos años más de De menú en menú. Estrellas Michelin, platos sencillos y humildes. Conocer, experimentar, saborear, probar. Afrontar el futuro que me espera.

Seguir soñando con ponys y niños, colgar el mapa azul de mi habitación, tener fe e ilusión por las cosas más pequeñas, las que de verdad importan. Convencerme de que la gente cambia, de que los amigos se distancian, dejar ir. Y hacer nuevos, de edades, razas, ideologías y religiones diferentes. Abrirme a todo y a todos. Ser humilde. Sonreír.

Días azules, ese deseo que lancé hace unos días al cielo en un globo blanco, probar muchos vinos y compartirlos con quien los disfruta a mi lado.

Se acercan mis 30… y estoy preparada.